jueves, 7 de febrero de 2008

Su liga con el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo, por confesión de otro matón


“El Popeye” reclutaba sicarios


*Alfredo Araujo podría convertirse en el primer investigado oficialmente por el atentado a Jesús Blancornelas y la muerte de Luis Valero el 27 de noviembre de 1997
*Extraoficialmente informaron de una orden de aprehensión por ese caso en un Juzgado Penal en Tijuana. Pero además se le seguirá por el caso Posadas y asociación delictuosa
*Prófugo durante 14 años, contó con la protección de la policía



En 1998, tres funcionarios, uno de la Procuraduría General de la República, otro de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y uno más de la Procuraduría General de Justicia del Estado, otorgaron, cada uno y por separado, nueve nombres de sicarios que participaron en el atentado al periodista Jesús Blancornelas, y el asesinato de su escolta Luis Valero, aparte de David Corona Barrón, muerto el mismo día en el fuego cruzado.

1.- Michael Anthony Jarboe “El Pewee”.
2.- Isaac Guevara Hernández “El Zigzag”.
3.- Alfredo Araujo Ávila “El Popeye”.
4.- Antonio Peña Huerta y/o Adelaido Reyes “El Lalo”.
5.- David Barrón Corona “El CH” (muerto en la escena del atentado)
6.- Fabián Martínez “El Tiburón”.
7.- Alberto González Ortega.
8.- Marco Antonio Quiñónez Sánchez “El Pato”.
9.- José Alberto Márquez Esqueda “El Bat”.

A diez años de distancia, de las nueve personas señaladas por las autoridades, uno está muerto y tres encarcelados. Ninguno por el atentado contra el periodista. Todos, por narcotráfico o secuestro. Uno fue extraditado a los Estados Unidos y recientemente aprehendido el tercero.

Alfredo Araujo Ávila “El Popeye”, detenido el sábado 26 de enero por autoridades federales que apoyaron al Ejército Mexicano. Una llamada anónima a los números proporcionados para denunciar por las autoridades de la II Región Militar a cargo del General Sergio Aponte Polito, los guió hasta la casa donde desde hace años residía Araujo, en la Colonia Libertad.

Antes de eso, a finales de los noventa, el sicario residió en la colonia Obrera de esta misma ciudad.

Alfredo Araujo no se alejó, en estos diez años, de la actividad delictiva.
Separado del grupo de sicarios que integró en la década de los noventa, trabajaba por su cuenta pero siempre con la venia de los líderes de células del cártel Arellano Félix en Tijuana. El día de su detención se le encontraron los rastros de una vida dedicada al crimen: una arma corta, una arma larga, 126 frascos de amoxicilina, 473 cartuchos de diversos calibres, once cargadores, equipo de radiocomunicación, máscara antigases, una credencial de Policía Ministerial del Estado a nombre de Elías Marcial Hernández, y la tarjeta de presentación de un policía municipal, Víctor Gamaliel López.
La credencial de acuerdo a la Procuraduría del Estado encabezada por el licenciado Rommel Moreno Manjarrez, es apócrifa. Pero la tarjeta de presentación del policía es real. Fuentes de la corporación tijuanense señalaron la existencia de este elemento e incluso lo señalaron por el compadrazgo hacia uno de los integrantes de una célula del CAF. Sin embargo, Gamaliel López no está siendo investigado.

Es evidente que la impunidad de la que gozó “El Popeye” durante los diez años después del atentado a Blancornelas, o durante los 14 años después del asesinato al Cardenal Juan Jesús Posadas y Ocampo, del cual también es acusado, le fue proveída por elementos de corporaciones policíacas locales. No pudo de otra manera, pasar desapercibido.

La detención de Araujo Ávila develó extraoficialmente que en el Juzgado Sexto de lo Penal en Tijuana existe una orden de aprehensión en su contra por el atentado al periodista. Esto aun cuando el caso fue atraído por la Procuraduría General de la República a finales de 1997.

De ser así, de confirmarse la existencia de la orden de aprehensión, “El Popeye” podría convertirse en la primera persona juzgada por el atentado a Jesús Blancornelas y el asesinato de Luis Valero.

Las autoridades locales, el Ejército y la Policía Federal en la región, decidieron luego de la detención, detectar en el país las averiguaciones contra Araujo Ávila, en busca de un delito del fuero federal para transportarlo al penal del Altiplano en Almoloya de Juárez, Estado de México. Encontraron varios: Dos por crimen organizado, el asesinato del Cárdena Posadas y el atentado a Blancornelas.

Los otros detenidos, Marco Antonio Jiménez “El Pato” y José Alberto Esqueda “El Bat”, fueron capturados en 2003, cada uno con su respectiva banda de secuestradores. “El Pato” no ha sido juzgado, al menos no se ha informado de esa manera, por el crimen contra el periodista.
Y en el caso de Esqueda, sus abogados intentaron carearlo con Jesús Blancornelas, más por molestar al periodista, a quien pedían se trasladara de Tijuana a la Ciudad de México, que con intenciones de resolver el crimen.

En marzo de 2007, en el gobierno del Presidente Felipe Calderón concedieron la extradición de una veintena de reos acusados de crimen organizado, entre ellos se encontraba José Alberto Esqueda “El Bat”.
Se fue sin que en México se le juzgara por el asesinato del escolta de Jesús Blancornelas y el propio atentado al potosino.Después de estos tres detenidos, aunque no juzgados por los hechos ocurridos el 27 de noviembre de 1997 en Tijuana, Baja California, se relaciona a los participantes que ya fallecieron:

Fabián Martínez “El Tiburón”, fue incluso señalado como partícipe del atentado por el propio Blancornelas, quien lo identifico de entre quienes lo atacaron. Este tijuanense también parte de los “narcojuniors”, se suicidó en Guadalajara, Jalisco, el 23 de mayo de 1998.

David Corona Barrón “El CH”, cayó muerto el día del atentado. Aún portando su escopeta recortada y una pistola fajada en la parte posterior del pantalón con la que daría el tiro de gracia al periodista. Una esquirla de bala que pegó en una pared y le entró por un ojo lo mató al instante.

Recientemente, en septiembre de 2007 cuando Francisco Javier Arellano Félix “El Tigrillo” confesó después de ser detenido por autoridades de los Estados Unidos en aguas internacionales en agosto del mismo año, aseguró a sus interrogadores que David Corona Barrón trabajaba bajo sus órdenes. Sin embargo, este dato no ha sido investigado por las autoridades mexicanas para investigar la agresión al periodista.

De la lista de nueve sicarios acusados por tres indistintos funcionarios del sistema mexicano, faltan cinco por aprehender. Más los autores intelectuales, dado que ninguno de los tres hermanos Arellano Félix detenidos, Benjamín, Rafael y Francisco Javier, están siendo procesados por el atentado a Blancornelas y el asesinato de Valero.

Reclutaba sicarios

Al inicio de la década de los noventa, la labor principal de Alfredo Araujo Ávila “El Popeye” dentro del cártel de los Arellano Félix, era reclutar personal. Sicarios, en específico. Los buscaba en el barrio Logan de San Diego, pero él es un viejo residente de Tijuana.

El identificado como asesino a sueldo vivió su infancia en la calle Estado, donde conoció a quienes más tarde le seguirían en sus actividades delictivas: su cuñado Miguel Camacho, alias “El Mike”; Mario, al que apodan “El Maggy” y Jesús Alberto Bayardo Robles, alias “El Gory”.

Los vecinos del lugar con mayor edad recuerdan a Araujo Ávila como un tapicero de automóviles, muy modesto, que con muchos esfuerzos estudió algunos meses en San Diego y que a principios de los noventa dio un cambio de vida impresionante.

“El Popeye” empezó a manejar vehículos último modelo, sobre todo camionetas, y se veía que le iba bien económicamente sin que nadie pudiese explicarlo. El sicario portaba armas de fuego y presumía a sus más allegados: “soy guardaespaldas de personas muy importantes”.

Y efectivamente, se trataba de sujetos de relevancia social, pero por su peligrosidad y actividades criminales: los hermanos Benjamín, Ramón y Javier Arellano Félix. Lo convirtieron en uno de sus principales reclutadores de pistoleros en Baja California y al otro lado de la frontera.

Alfredo frecuentaba los barrios de San Diego, National Park o Chicano Park, la zona de los Logans, donde conoció y contrató a los matarifes que participaron en el asesinato de Juan Jesús Posadas Ocampo y seis personas más en Guadalajara el 24 de mayo de 1993, algunos de los cuales en noviembre de 1997, también atentaron contra el periodista Jesús Blancornelas.

Enganchaba a los pandilleros ofreciéndoles “empleo” cuidando casas en las colonias Chapultepec, Cacho y por el rumbo del Mercado Arvizu. Los sueldos iban desde los 350 hasta los 500 dólares semanales.

En esas residencias además de albergar a los pistoleros, a quienes dotaban de pistolas tipo escuadra y fusiles de alto poder durante sus horas de servicio, se almacenaban armas de fuego, vehículos y artefactos explosivos utilizados por la organización delictiva.

“Pochos” y mexicanos que eran dirigidos por Alfredo Araujo salían de sus guaridas cuando les decían “va a haber junta”. Los sicarios escoltaban a sus jefes inmediatos y a los hermanos Arellano Félix a realizar sus transacciones en grandes estacionamientos de centros comerciales de Tijuana, donde permanecían hasta dos horas.

También formaban parte de la caravana de vehículos de seguridad que acompañaba a los “patrones” a un rancho que éstos poseían sobre carretera de Tijuana a Tecate.

La liga con el asesinato de Posadas

Una falla de “el Popeye”, hizo que los nombres de los integrantes de la familia Arellano Félix fuesen más conocidos a nivel nacional e internacional tras los crímenes del aeropuerto de Guadalajara, entre ellos el del Cardenal Posadas.
Araujo Ávila había contratado a su vecino Alberto Bayardo, a la postre artífice de las declaraciones que dieron luz a las autoridades sobre lo ocurrido en la Terminal aérea.

“El Gory” estaba al tanto del extraño avance económico de su amigo de la niñez e insistía a Alfredo que le consiguiera trabajo con sus jefes, pero el pistolero no le tenía confianza por su forma de beber alcohol. Bayardo le prometió que no volvería a embriagarse y una semana después, “Popeye” le consiguió una entrevista con “El C.H.”.

Era marzo de 1993. Araujo exageró las “cualidades” de su vecino, quien fue militar y, en un minuto, David Barrón Corona aceptó darle trabajo, advirtiéndole que se trababa de “un trabajo muy delicado” y que tenía que ser muy discreto. Le dotaron de pistola escuadra y rifle Ak-47.

Llegó mayo de ese mismo año. Había una misión en Guadalajara: buscar a Joaquín “El Chapo” Guzmán y matarlo. El resto de la historia es muy conocida. No encontraron al acérrimo enemigo de los Arellano Félix y aquel 24 de mayo cuando regresarían a Tijuana se toparon con el capo en el aeropuerto tapatío, ocurrió la balacera y mataron en una confusión al Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Alberto Bayardo había faltado a su promesa de no beber. Ese día llegó completamente borracho al aeropuerto. Personal de la línea aérea no le permitió abordar el vuelo 110 de Aeroméxico y al observar el enfrentamiento a balazos pudo escabullirse en un taxi para dirigirse al hotel donde estaba hospedado en Plaza del Sol, donde ocasionó un escándalo por negarse a pagar una cuenta y fue detenido.

Fuera de sí, “El Gory” gritó al ver a los policías que iban a detenerlo: “no me vayan a matar. Yo soy gente de Manuel Aguirre y vengo de Tijuana”. Temeroso les dijo que si no lo iban a soltar lo mataran allí. Que pertenecía al Quinto Batallón y que también era cinta negra. Finalmente confesó: “venía yo a matar al ‘Chapo’, pero falló la pinche pistola”.

Bayardo Robles inició así la famosa averiguación previa 12948/93 del caso Posadas declarando contra Alfredo Araujo “El Popeye”, los hermanos Arellano Félix, “El C.H.” y una serie de sujetos conocidos por él con los apodos de “El Zigzag”, “El Lalo Reyes”, “El Cougar”, “El Tarzán”, “El Paisa”, “El Pato” y “El Puma”, entre otros.

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