miércoles, 13 de febrero de 2008

Aniversario de una reforma
Mauricio Merino
El pasado 3 de febrero se cumplieron 25 años de la que ha sido, hasta ahora, la reforma constitucional más importante en materia municipal. Los cambios que se introdujeron al artículo 115 de la Carta Magna al despuntar el año de 1983 no sólo rediseñaron los perfiles de ese nivel de gobierno, que se habían mantenido prácticamente intactos durante la mayor parte del siglo XX, sino que pusieron a los gobiernos municipales en una dinámica de mudanzas que todavía sigue en curso.
Ese aniversario pasó inadvertido, pero no hay duda de que los municipios son hoy mucho más relevantes en el escenario político y económico del país.
Cuando aquella reforma se promulgó, el régimen político seguía dominado por un solo partido y la Presidencia de la República seguía siendo el eje de la vida política nacional. Sin embargo, no fue casual que el presidente Miguel de la Madrid haya decidido iniciar su sexenio con ese cambio que sería, a un tiempo, una seña y una salvaguarda para paliar buena parte de las dificultades que habrían de afrontarse en los años siguientes. El gobierno municipal era, en efecto, uno de los mejores instrumentos disponibles para evitar que la crisis de 1982 y las medidas de ajuste estructural que le siguieron produjeran una crisis de ingobernabilidad de gravísimas consecuencias.
A partir de 1983, las administraciones municipales se harían cargo, aun de manera paulatina y accidentada (y con la excepción del Distrito Federal), de buscar la mejor calidad de vida posible en las ciudades y en los pueblos donde vivimos. De ellos dependería en adelante la prestación de servicios públicos básicos como el agua potable, el drenaje, el alcantarillado, el alumbrado público, la recolección de basura, la construcción, el equipamiento y el mantenimiento de calles, parques y espacios públicos e, incluso, la seguridad pública local. Todo ello, acompañado de la facultad de expedir reglamentos para cumplir sus funciones con la mayor libertad.
La reforma municipal de 1983 también generó nuevos espacios de representación para albergar la creciente pluralidad política del país y trasladó a los espacios locales decisiones de política pública que hasta entonces se habían reservado al ámbito federal. No fue sólo un traslado de responsabilidades en materia de prestación de servicios públicos y regulaciones locales, sino que abrió la puerta para que los intereses políticos de los municipios encontraran un sitio donde manifestarse. Y es que gracias a esa reforma todos los ayuntamientos del país sumaron regidores de representación proporcional que, a pesar de todas sus limitaciones, abrieron la puerta para afincar la pluralidad que ya era un hecho visible en la mayor parte de las ciudades y los pueblos de México.
Aquella reforma, que este año cumplió cinco lustros, modificó también el federalismo fiscal, al otorgarles a los gobiernos municipales el impuesto predial y la facultad de cobrar por la prestación de los servicios públicos a su cargo, y les dotó de personalidad jurídica plena y autonomía para planear y ejercer su presupuesto, con independencia de las decisiones tomadas por las legislaturas de los estados. Y los convirtió también en beneficiarios directos del sistema de coordinación fiscal de la Federación, al hacerlos partícipes obligados de una parte de la recaudación federal, que antes de esa reforma les llegaba acaso en función de los humores de los gobiernos de los estados.
Dieciséis años después, en 1999, el artículo 115 se reformó nuevamente para fortalecer las atribuciones exclusivas de los ayuntamientos y, sobre todo, para otorgarles el título oficial de gobiernos municipales de pleno derecho, que hasta ese momento les había sido negado. Pero con toda su relevancia, lo más importante de esa nueva modificación al texto constitucional fue la confirmación de los cambios que se habían iniciado en 1983 y que convirtieron a los gobiernos municipales en la instancia de mayor importancia para proteger y mejorar la calidad de la convivencia en los pueblos y las ciudades donde vivimos los mexicanos.
No sobra recordar ese aniversario precisamente en este momento, cuando en el Poder Legislativo se discute la posibilidad de dar una nueva vuelta de tuerca al tema del federalismo, en condiciones muy diferentes a las que había hace 25 años. Hoy disponemos de un diagnóstico mucho más completo sobre los problemas que afrontan todavía los gobiernos municipales y que, de resolverse, permitirían avanzar pronto en la construcción de espacios públicos mucho mejores.
La lista no es demasiado larga: atañe a los incentivos fiscales para producir mayor riqueza local, a la profesionalización del servicio público en ese nivel de gobierno, a la posibilidad de reelección inmediata de los miembros del ayuntamiento (aunque no se incluya al presidente municipal), y a la regulación en materia de prestación de servicios, de transparencia y de rendición de cuentas municipales (de manera más amplia, esta lista puede verse en el libro sobre el régimen municipal, de la colección Para Entender, de la editorial Nostra). Pero lo importante es rescatar la experiencia acumulada desde 1983 y concluir la tarea que inició entonces.
No obstante, ante los rezagos que todavía son evidentes en nuestros espacios locales y el peso político específico que han cobrado los gobernadores de los estados (asentados en el nuevo régimen de partidos que hoy nos gobierna), el riesgo que salta a la vista es que, antes de dar la última brazada para consolidar a los municipios como el espacio natural para la convivencia política en los pueblos y las ciudades, e incluso para potenciar su crecimiento económico, la reforma actual del federalismo desemboque en una vuelta al pasado, y éstos vuelvan al control inconmovible (y con mucha frecuencia, caprichoso) de los gobernantes de cada entidad federativa.
El riesgo es que se pierdan 25 años de esfuerzos acumulados en materia municipal, ante la presión de quienes hoy tienen la sartén por el mango. Sería muy triste que se perdiera esa batalla, de cinco lustros.
Profesor investigador del CIDE

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