domingo, 3 de febrero de 2008

El daño económico es incuantificable



Es tiempo de acabar con la dirigencia
añeja y caduca de Eloína en el Setsuv





*El prestigio de la UV quedará por los suelos debido a la huelga
*¿Cuáles han sido los beneficios para los trabajadores tan cacareados por la contadora?


Walter Ramírez Aguilar

Aunque el rector Raúl Arias Lovillo dijo que el daño económico que el Setsuv le causa a la Universidad Veracruzana con la huelga es de alrededor de 63 mil 500 pesos diarios, la verdad es que las pérdidas materiales para la institución son incuantificables.

En principio, el prestigio de la noble institución nuevamente queda en entredicho. Sus programas de calidad educativa sufrirán un golpe irreversible e irreparable.

Investigaciones en desarrollo en todas sus áreas científicas se interrumpirán y las inversiones realizadas en ellas se irán a la basura… pero lo más grave, es que el trabajo realizado tendrá que desecharse y volver a comenzar.

Las actividades artísticas y deportivas sufrirán también por el paro de actividades.
La buena marcha de Los Halcones sin duda se frenará y los integrantes del equipo pagarán doble cada triunfo que consigan fuera de casa, ya que la afición no podrá cobijarlos en sus futuros encuentros.

Los proyectos de asesoría técnica y productiva que la UV ha firmado con empresas y ayuntamientos también se afectarán, y aquí, la situación de la institución sufrirá más que otras áreas, debido a que estos convenios significan ingresos adicionales para la universidad y un compromiso formal que la UV no podrá cumplir a cabalidad por la decisión de Eloína Vargas Merino y sus huestes.

El Setsuv no puede imponerse por encima de los intereses de la Universidad.
Es, por extraño que parezca, el gran ausente del compormio de modernización y productividad que la institución ha comenzado para certificar la calidad de sus actividades y trabajadores.

Lo que sucede año con año debe terminar y es momento que los trabajadores adheridos a ese gremio cuestionen severamente los “beneficios” tan cacareados que estas huelgas cíclicas les han significado.

Es incomprensible que el temor por cambiar a la dirigencia pueda más que los propios sindicalizados.

Se sabe que quienes han querido competir democráticamente por la renovación de sus autoridades han sufrido consecuencias por los incondicionales de la contadora.

No es posible, ni plausible que pueda más un puñado de serviles pelafustanes que un grupo de más de dos mil 500 trabajadores que desean un cambio verdadero.

Los más de 30 años que esta señora lleva al frente de Setsuv ya no deben alargarse.

Si los trabajadores quieren a su institución deberían dar un ejemplo de sensatez y valentía y derrocar a esta eterna dirigente que más que beneficiarlos los ha empobrecido.

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